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ENCUENTRO
A Livia... a quien no conozco.
He dejado plasmado mi recuerdo
en el viejo sendero de cartón,
en esa eterna quietud
que dibujase el amo de las ilusiones.
He dejado mi ascetismo y mi carencia
en ese instante en que se entrecruzan
pasos y miradas al compás
de sospechas y cavilaciones.
Han quedado en aquella esquina
mi torpeza y tu fragancia de mujer,
mi débil lucha y tu férrea liberación,
mi incertidumbre y tu clara esencia.
¿De dónde emergiste, hija de Nereo?;
¿acaso eres esa imagen cabalística
que irrumpe las andanzas de los caminantes,
guiándolos al inhumano precipicio?
Eres una bengala de mito hipotético,
una vastedad de gracia muda,
una silueta de fluido atómico
y una melodía de inescrutables salmos.
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